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La historia de la hematóloga Rosemary Biggs

11 Feb 2021 | Historia

Hoy 11 de febrero, se celebra el Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia y en Portal Hemofilia queremos celebrarlo como se merece. Comprometidos con la labor de la mujer en el mundo de la ciencia, la sanidad y la tecnología; te traíamos anteriormente iniciativas como el juego 3 Chicas in Tech o el proyecto No More Matildas. Ambas campañas nacidas con el objetivo de visibilizar el trabajo, hasta ahora escondido, de diversas científicas y médicas a lo largo de la historia. En Portal Hemofilia queremos aportar nuestro grano de arena llevándonoslo a nuestro terreno y por eso hoy te contamos la historia de la hematóloga Rosemary Biggs. La mujer que descubrió que existen distintos tipos de hemofilia en lugar de una. ¡Sigue leyendo!

Medicina para contribuir al esfuerzo de la guerra

Nacida en Londres en 1921, Rosemary Biggs manifestaría desde edad temprana su vocación por convertirse en médico. Sin embargo, debido a la presión paterna, Biggs se licenció en botánica en 1934 por la Universidad de Londres para viajar más tarde a Canadá y doctorarse en Micología en la Universidad de Toronto.

Rosemary vuelve a Inglaterra a causa de la Segunda Guerra Mundial, hecho que provoca que afortunadamente que la joven comenzase sus estudios de Medicina en la Escuela de Medicina para Mujeres de Londres. Biggs se escudó en el argumento de que como médico podría contribuir al esfuerzo bélico de forma más decisiva que como botánica y acabaría graduándose en 1943. En 1944 comienza a trabajar en el departamento de Patología del Hospital de Radcliffe como asistente graduada.

Interés por la hematología

Pese a que comenzó su carrera científica investigando sobre el llamado síndrome del aplastamiento, por influencia del hematólogo Gwyn Macfarlane desvió sus investigaciones al estudio de la variabilidad de resultados que se podían encontrar en los análisis de sangre realizados de forma rutinaria. De esta manera, Rosemary acabaría especializándose en el estudio de los mecanismos de coagulación de la sangre y los elementos que fallan en los pacientes de hemofilia.

A principios de los años 50, se creía que la causa de la hemofilia era la falta de un compuesto llamado factor hemofílico. Para llevar a cabo el diagnóstico, se mezclaba la sangre de una persona hemofílica y de una persona no hemofílica y se observaba la forma en que esa mezcla coagulaba. No obstante, Biggs por cuenta propia, mezcló sangre de dos personas hemofílicas demostrando que estas también coagulaban. El resultado de este “atrevimiento” demostraba que esas dos personas, que supuestamente sufrían la misma enfermedad, no carecían del mismo elemento.

No hay solo un tipo de hemofilia

Gracias a esta investigación, Biggs descubrió que lo que antes se consideraba una sola enfermedad, la hemofilia, de hecho son dos, las diferenciadas hemofilias A y B; según el factor de coagulación que le falta a la persona que la padece. En 1953, y gracias a este estudio, Biggs y Macfarlane publicaron el libro Human blood coagulation and its disorders que se considera básico en el desarrollo de la hematología.

La vida de Rosemary Biggs está formada también por distintos puestos de gestión en su área científica, como el Laboratorio de Investigación de la Coagulación de la Sangre del Hospital Churchill y la dirección del nuevo Centro de Hemofilia de Oxford; y sería reconocida con el Premio de la Fundación James F. Mitchell a la Investigación del Corazón y Vascular o el Premio Macfarlane de la Sociedad de Hemofilia en 1978.

Fuera del laboratorio, Rosemary dedicó su labor también a concienciar y luchar activamente por mejorar las condiciones de vida, académicas y laborales de quiénes padecían esta enfermedad. Buscar mejores tratamientos, superar los estigmas sociales y, en general, mejorar la calidad de vida de los pacientes de hemofilia.

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